

En un bol, mezclamos la harina con la sal.

Añadimos el agua y el aceite.

Amasamos durante unos 5-7 minutos hasta que la masa esté elástica y no se pegue a las manos.

Formamos una bola, la tapamos con un paño y la dejamos reposar 30 minutos a temperatura ambiente.

Después estiramos la masa con un rodillo, sobre papel de horno hasta que sea casi transparente (debe ser muy, muy fina).

En un cuenco, mezclamos la crème fraîche con el queso blanco.

Sazonamos con pimienta.

Y con nuez moscada.

Añadimos la sal.

Cortamos el bacon en tiras muy finas (lardons).

Si queremos un sabor más intenso, podemos pasar las tiras ligeramente por la sartén.

Cortamos la cebolla en tiras muy finas, casi transparentes.

Extendemos la crema sobre la masa, dejando un pequeño borde.

Repartimos la cebolla y el bacon de forma uniforme.

Precalienta el horno a máxima potencia (un mínimo de 250 °C).

Cuando esté caliente introducimos la masa en la parte más baja del horno.

Horneamos durante 8-10 minutos o hasta que los bordes estén tostados y el bacon esté crujiente.

Es, en esencia, el plato perfecto para compartir: se sirve al centro, se corta con las manos y se disfruta mejor acompañada de una copa de vino o una cerveza bien fría.

4 raciones
200 g
* El % del valor diario (VD), indica cuánto contribuye un nutriente a la ingesta diaria, de un adulto medio (8400 kJ / 2000 kcal).