

24 ó 48 horas antes: Colocamos los huevos enteros (con su cáscara) dentro de un recipiente hermético junto con la trufa negra fresca envuelta en papel de cocina.
La cáscara del huevo es porosa, por lo que absorberá el increíble aroma de la trufa sin necesidad de gastarla antes de tiempo.

Picamos la cebolla en juliana fina.

Confitamos la cebolla a fuego suave, en una sartén con un chorrito de aceite de oliva hasta que esté bien caramelizada, con un tono dorado.

Pelamos las patatas.

Picamos las patatas en dados pequeños.

Freímos en abundante aceite de oliva a fuego medio, para que se confiten (queden tiernas).

Las escurrimos muy bien para eliminar el exceso de grasa.

Batimos los huevos previamente trufados, en un bol grande hasta que queden espumosos.

Incorporamos las patatas y la cebolla caramelizada al bol.

Rallamos la mitad de la trufa negra directamente sobre los huevos batidos con las patatas y la cebolla caramelizada.

Añadimos la mezcla en una sartén a fuego medio-alto con un poco del aceite de freír las patatas.
Removemos la sartén en círculos para que no se pegue y, con una espátula, vamos dando forma a los bordes.

Cuando empiece a despegarse por los lados (aproximadamente 2 minutos), colocamos un plato llano grande sobre la sartén.

Con un movimiento firme y rápido, le damos la vuelta.

Deslizamos la tortilla de nuevo en la sartén para cuajar el otro lado y cocinamos un par de minutos más.
Si nos gusta jugosa (estilo Betanzos, como en la imagen), déjala apenas 1 minuto más.

Sacamos la tortilla a un plato.

4 raciones
150 g
* El % del valor diario (VD), indica cuánto contribuye un nutriente a la ingesta diaria, de un adulto medio (8400 kJ / 2000 kcal).