

Pelamos las patatas,

Y las cortamos en bastones gruesos, de aproximadamente 1 cm de grosor.

Las sumergimos en agua fría durante 30 minutos para eliminar el exceso de almidón.

PRIMERA FRITURA: Calentamos el aceite a 150°C.

Las sacamos y escurrimos.

Las dejamos que reposen sobre papel absorbente al menos 30 minutos.

SEGUNDA FRITURA: Subimos la temperatura del aceite a 180°C.

Las sacamos, escurrimos, las ponemos en un bol y añadimos la sal.

Limpiamos y desbarbamos los mejillones.

Pelamos y picamos finamente la cebolla y el ajo.

Lavamos, quitamos las hebras del apio.

Y lo picamos en trozos pequeños.

Hacemos lo propio con el puerro.

Picamos el perejil.

En una olla grande, derretimos la mantequilla a fuego medio.

Una vez que la mantequilla esté derretida añadimos los ajos y la cebolla.

Posteriormente añadimos los puerros y el apio y cocinamos durante 2-3 minutos más, también a fuego bajo.

Añadimos el vino blanco y llevamos a ebullición, para que se evapore el alcohol.

Incorporamos los mejillones, cubrimos y dejamos cocer a fuego alto durante unos minutos hasta que se abran (5-7 minutos).

Una vez abiertos, apagamos el fuego, espolvoreamos el perejil picado y la pimienta negra recién molida.

Dejamos que se reduzca un poco la salsa y añadimos la nata líquida.

Un toque minúsculo de nuez moscada en la nata realza muchísimo el sabor del apio y el puerro.

Volvemos a incorporar los mejillones a la cazuela y removemos bien para que reparta la salsa.

Servimos inmediatamente en un cuenco alto y cubrimos con toda la salsa.

Podemos añadir unas rodajas de limón.

Es típico acompañar estos mejillones al estilo belga, con las patatas fritas, mayonesa y cerveza.

4 raciones
100 g
* El % del valor diario (VD), indica cuánto contribuye un nutriente a la ingesta diaria, de un adulto medio (8400 kJ / 2000 kcal).